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lunes 3 octubre 2021

Crevillente. La UPCCA se une a la campaña contra el tabaco de la OMS

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  • La celebración de este año del Día Mundial sin tabaco centra su atención en el impacto medio ambiental que genera su cultivo y producción así como del gran impacto medioambiental que provoca su cultivo y producción, además de sensibilizar de los daños que causa en la salud de los fumadores y de quienes están alrededor.

La UPCCA dependiente de la Concejalía de Derechos Sociales, se une a la campaña institucional de la OMS para el Día Mundial Sin Tabaco de 2022, que gira en torno al tema: «El tabaco, una amenaza para nuestro medio ambiente». La campaña tiene por objetivo sensibilizar al gran público sobre el impacto ambiental que tiene el tabaco, desde su cultivo y producción hasta su distribución, sin olvidar los residuos que genera. Esta campaña dará a los consumidores de tabaco un motivo más para dejarlo.

Esta iniciativa apunta también a denunciar el empeño que pone la industria tabacalera en dar un barniz «verde» a su reputación y sus productos, presentándose y presentándolos como algo inocuo para el medio ambiente.

Esta industria, cuyas emisiones de gases de efecto invernadero equivalen a 84 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono, contribuye al cambio climático y reduce la resiliencia ante este cambio, además de desperdiciar recursos y dañar los ecosistemas.

Cada año se destruyen unos 3,5 millones de hectáreas de tierras para cultivar tabaco en ellas. Este cultivo favorece la deforestación, especialmente en el mundo en desarrollo. La eliminación de espacios forestales para establecer plantaciones de tabaco deteriora los suelos y merma el rendimiento, esto es, la capacidad de las tierras para sostener el crecimiento de cualquier otro cultivo o planta.

«Las consecuencias ambientales del consumo de tabaco agregan una presión innecesaria sobre los ya escasos recursos y los frágiles ecosistemas de nuestro planeta. Esto resulta especialmente peligroso para los países en desarrollo, pues en ellos se concentra la mayor parte de la producción tabacalera,» declaró el Dr. Ruediger Krech, Director de Promoción de la Salud de la OMS. «Cuando usted se fuma un cigarrillo, está literalmente quemando recursos allí donde ya escasean, quemando recursos de los que depende nuestra propia existencia.»

La carga ambiental recae en los países que menos preparados están para hacerle frente y los beneficios van a parar a empresas tabacaleras transnacionales que tienen su sede en países de renta alta.

Dado que cerca del 90% de toda la producción de tabaco se concentra en el mundo en desarrollo, este producto tiene un impacto sumamente desigual en los distintos grupos socioeconómicos de países. En los países de renta baja y de renta mediana, muchos agricultores y responsables gubernamentales ven en el tabaco un cultivo comercial que puede generar crecimiento económico, aunque los beneficios económicos que depara el cultivo a corto plazo quedan anulados por sus consecuencias a largo plazo: aumento de la inseguridad alimentaria; endeudamiento de los agricultores, a menudo duradero; enfermedades y pobreza entre los peones agrícolas; y degradación a gran escala del medio ambiente en los países de renta baja o mediana.

La industria tabacalera también ha invertido mucho en «lavar la cara» a sus procederes ecológicamente dañinos, notificando el impacto ambiental de sus actividades y financiando proyectos y entidades de responsabilidad social de la empresa en su vertiente ambiental. Si semejante cortina de humo llega a funcionar es porque nos faltan datos objetivos y porque la legislación es limitada e incoherente a nivel tanto internacional como local.

Es preciso entender que la reducción del consumo de tabaco constituye un resorte fundamental para poder cumplir el conjunto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y no solo aquellos que guardan relación directa con la salud.

En esta campaña se exhorta a gobiernos e instancias normativas a que endurezcan la legislación, y sobre todo a que apliquen y refuercen los dispositivos existentes para obligar a los productores a hacerse responsables de los costos ambientales y económicos de los residuos derivados de productos de tabaco.

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